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Carlos Zúñiga cumplió el sueño de su vida y se convirtió en el primer Carabinero Honorario de Mostazal

A sus 30 años, y después de una historia de admiración por la institución que comenzó cuando era niño, Carlos fue investido como Carabinero Honorario de la comuna. 

“Los sueños se pueden hacer realidad”. La frase de Carlos Zúñiga Salinas resume una historia que comenzó muchos años antes de la ceremonia que lo convirtió en el primer Carabinero Honorario de Mostazal.

Cuando era niño, Carlos vivía frente a la entonces Subcomisaría de la comuna. Desde allí observaba cotidianamente el trabajo de Carabineros y comenzó a cultivar una admiración por la institución que, con el paso de los años, se transformó en un sueño: algún día quería ser parte de ella.

A sus 30 años, ese momento finalmente llegó.

Carlos fue investido como Carabinero Honorario en una ceremonia encabezada por el jefe de la Sexta Zona de Carabineros O’Higgins, general Guillermo Bohle Guichacoi, y en la que también participó la alcaldesa de Mostazal, Verónica Arroyo, la familia de Carlos, funcionarios policiales y representantes de la comunidad.

La iniciativa pudo concretarse gracias a las gestiones de la Oficina de Integración Comunitaria de Carabineros y al permanente impulso de su madre, Susana Salinas Vega, quien durante años acompañó a Carlos en este anhelo.

Para la alcaldesa Verónica Arroyo, la ceremonia tuvo además un significado personal, debido al vínculo que mantiene con Carlos desde su etapa en el Colegio Diferencial.

“Es un orgullo para Mostazal contar con nuestro primer Carabinero Honorario. Pero creo que Carlos hoy también nos deja una enseñanza muy bonita: la inclusión no puede quedarse solamente en las palabras; se construye cuando somos capaces de abrir espacios para que todas las personas puedan participar, sentirse parte y cumplir sus sueños”, señaló la alcaldesa.

Desde Carabineros, el general Guillermo Bohle destacó también el significado de su incorporación a la unidad policial.

“La incorporación de Carlitos a nuestra Subcomisaría reafirma nuestro compromiso con la comunidad. Este momento nos reconforta y nos recuerda también la importancia de nuestra labor social y del vínculo que debemos mantener permanentemente con las personas”.

Detrás de la ceremonia existe también una historia familiar de perseverancia. Susana Salinas fue una de las principales impulsoras para conseguir que aquello que durante años parecía difícil de alcanzar pudiera finalmente concretarse.

“Mi hijo lo dio como una opción, pero nosotros lo creíamos muy lejano. Podría nunca haberlo cumplido, pero hoy día estamos acá. Hoy Carlitos está de pie; mañana no sabemos cómo va a estar. Pero hoy cumplió su sueño, es feliz y tiene una nueva familia”, relató emocionada.

Y probablemente allí está la mejor manera de entender lo ocurrido.

Carlos pasó buena parte de su infancia observando desde afuera la institución a la que soñaba pertenecer. Hoy ya no necesita hacerlo desde la vereda de enfrente: oficialmente, también forma parte de ella.

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